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Aquellos veranos

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Recuerdo aquellos  veranos de pantalón corto y  remendado por mi madre, corte de pelo a flequillo, merienda de pan con chocolate Chobil, desayunos con mermelada casera y café de puchero con leche y cacao, en el caserío de mis abuelos paternos, Luisa y Pepe. Veranos en los caminábamos cargados con  nuestras cosas y nuestras  ilusiones de la estación del tren de Triano al caserío en Santelices y nos deteníamos en la fuente de Giba a beber unos sorbos del agua fresca que manaba incesantemente por su caño, aunque no tuviésemos sed y más adelante recogíamos luciérnagas que metíamos con mucho cuidado en cajas de cerillas, porque serían nuestras nocturnas antorchas estivales.  Veranos en los que lo habitual era despertarse pronto, cuando el abuelo Pepe sacaba la vaca y el ternero del establo y los llevaba a pastar por la inclinada campa. Campa de hierba fresca y verde en la que se se vareaban los vellones de lana de los colchones para liberarlos de l...

Imaginación

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Imagina  que tu imaginación  tiene la capacidad  de imaginar lo inimaginable. Imagina que eres la Luna  que iluminas la noche  con una suave luz. Imagina  que soy el Sol  que retorna cada amanecer  con un fulgor radiante. Imagina  el deseo  de que llegue ese instante,  el del mágico encuentro. Imagínate tú elevándote sobre las montañas,  ocultándome yo detrás de ellas. Imagina  que eres la roca  de un escarpado acantilado. Imagina que soy un mar, rumoroso y tranquilo y cómo el movimiento silencioso y continuado de mis olas  te acarician una y otra vez Imagina  que eres el blanco lienzo de un cuadro y soy yo el pintor con el pincel. Imagina  cómo con la magia de cada trazo toma vida lo que antes no existía. Imagina  que eres un caminante en un desierto y yo el oasis verde y fresco,  la sombra protectora bajo el sol...

Entre esos tipos y yo...

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Mienten. Engañan. Vapulean. Roban. Manipulan. Asistimos impotentes a un festival de caraduras, advenedizos, dedócratas, salvapatrias, "trepas", ladrones, especuladores, vividores, sinvergüenzas, malnacidos, politicastros, personajes varios que tienen menos honor que cualquier granuja de medio pelo de una novela del Oeste de Marcial Lafuente Estefanía, a las que, por cierto, era muy aficionado mi abuelo Pepe. Si nos pinchan, no sangraremos. Estos vampiros del siglo XXI tratan de beberse hasta la última gota de nuestra sangre. Nos quieren muertos en vida, manipulables, imbéciles de baba, sin horizontes, planos, ciegos, maleables, para seguir viviendo de sus mentiras, sin importarles lo más mínimo nuestro hambre, nuestra sed, nuestros sueños, nuestras vidas. Nos exigen esfuerzos, mientras ellos no tienen intención de renunciar a nada. Se mofan de la Justicia y, por si acaso la adecuan, a sus propios intereses. Desprecian a quienes denuncian sus tejemanejes y los llaman acosa...